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sábado, 28 de septiembre de 2013

Un encuentro inesperado 0

CAPITULO 0

Algunas veces crees que eres suficientemente grande, madura o inteligente, pero al enamorarte… nada de eso importará, dice una famosa escritora que las mujeres inteligentes se enamoran como idiotas, con otras palabras pero el mismo fin, nos ciega el “amor”, ni siquiera puede llamarse amor, porque a pesar de lo que pensemos nunca se es suficientemente grande, maduro o inteligente para amar correctamente, celamos, nos volvemos dependientes, incluso dudamos de nosotros mismos, dicen que un amor debe hacerte desear salir adelante, ser el mejor tú que puedas entregarle al mundo, pero normalmente no es así a la primera, no Señor, porque para saber lo que vale tienes que ver cómo nace, el empeño que tiene que haber para que tal sentimiento fluya, y así es como comienza mi historia, cuando siendo apenas una adulta que logró dejar de ser niña, se dispuso a conocer la felicidad al lado del hombre que creía amar, tal vez sí le amé, tal vez era un amor infantil, el cierre de mi proceso entre ser una adolescente y convertirme en adulta, no lo sé, solo que se esto hizo que iniciara unos de mis peores momentos.

Como toda chica entrando a los 22, con la carrera recién terminada y un novio un par de años mayor, buscaba desesperadamente independencia, así que, tras una pelea con mi madre, decidí viajar con mi novio, él es un “famoso” arquitecto (aunque actualmente ya no estoy tan segura de ello) y le habían ofrecido un importante trabajo en Corea del Sur, así que una vez que me pidió matrimonio, nos marchamos a Seúl, la ciudad es más bella de lo que puedo relatar, tiene una especie de magia que no es posible plasmar en palabras, pero ahí estábamos, esperando un taxi que nos llevara a nuestro departamento, yo misma había hecho el deposito, era uno de los más importantes edificios de la ciudad, sin mencionar la hermosa vista que tenían cada departamento, mi novio recibió una llamada y con una mueca de tristeza e inconformismo (ahora realmente estoy segura que no era cierta, podría ser actor, eso le sale estupendamente bien) me pidió me adelantara para acomodar mis pertenencias, no sonaba muy lógico que él, habiendo recibido una llamada de trabajo se llevara todo a su “oficina”, lo sé, en mi defensa diré que estaba completa y estúpidamente cegada por ese que se decía amarme mucho; Así que Ilusamente tome solo la maleta que contenía mi ropa y con el poco dinero con el que contaba, me fui a el departamento. Cual fue mi sorpresa al llegar y descubrir que habían retirado el deposito que había hecho, el departamento estaba ahora arrendado por otras personas, en ese momento el mundo se me vino encima, contaba solo con 10 dólares, 10 míseros dólares para sobrevivir en Corea, hablando apenas el idioma, sin trabajo, con visa de turista, la noche comenzaba a ponerse fresca, no sabía si buscar algo más abrigador o morir congelada, podía imaginar los encabezados de los periódicos “Emigrante latina muere de hipotermia” solo imaginarlo me deprimía más de ser posible.
Mis ojos se fueron cerrando, y no sé si me dormí, me desmayé o que fue exactamente lo que sucedió, pero escuchaba una hermosa voz hablando algo en coreano, que obviamente no podía entender, hablaba muy rápido.
Sentí unos brazos que me levantaban y la calidez del pecho en el que mi cabeza cayó recargada, sentía sus latidos presurosos y su aliento intermitente, después simplemente perdí noción del tiempo y el espacio, todo se volvió negro pero esa noche, sin embargo, llegaron esas pesadillas que atormentaban mis sueños, no eran más que las verdades de ese primer día lluvioso, (aunque realmente era la primera nevada del año según había escuchado en el vuelo) pero mi corazón lloraba la perdida de la dignidad, estaba roto y no había forma de que se reparará tan pronto, esa noche sin ser consiente de ello lloré dormida.

La mañana siguiente me sentía como atropellada por un auto, los musculos me dolían, sentía las lágrimas secas en mis ojos, mi cabello estaba enredado (seguramente me moví como lombriz en sal) y mi pecho dolía, no de esa forma en la que debes asustarte por que posiblemente te este dando un infarto al miocardio, sino más como un vacio, como si hubieran arrancado esa parte vital y ahora viviera como zombie, escuche esa hermosa voz de anoche y me levanté rápidamente, caminé hacia donde se escuchaba, por el demás ruido supuse que alguien se duchaba mientras cantaba, muy bien entonado y con mucho sentimiento si me lo preguntan, me quede intentando recordar más detalles de anoche y cuando iba a tocar la puerta un hermoso chico, de cabellos castaños, piel nívea, ojos negros pero de mirada profunda, como quien se hunde en un mar negro de oscuridad, pero que te transmite una hermosa calidez, claro que cuando mis pensamientos recordaron que el chico delante de mi, tenia gotas resbalando traviesas por sus pectorales, acariciando su marcado abdomen y perdiéndose en el inicio de la toalla que cubría de su cintura a sus pantorrillas, me sonrojé como adolescente y me voltee murmurando disculpas, el se disculpo también y corrió a la habitación de la cual yo había salido, después regreso por donde mismo con  un pantalón jean y una camiseta blanca, salió unos minutos después y me sonrió de una manera tan brillante, que literalmente me dejó deslumbrada, parpadeando como tonta y sonriendo en respuesta, con el sonrojo que sé, tiño de carmín mis mejillas, lo sé porque la temperatura de mi cara subió.
El destino tiene sus propias maneras de unir los caminos de las personas, muchas veces son formas dolorosas que te hacen apreciar más eso que ha llegado para iluminar tu vida, mi camino se había cruzado con ese hermoso ser, que agrandaba mi inseguridad y me recordaba mi dolor, pero aún así me sentía tranquila, como quien encuentra el lugar al que pertenece pero no sabe que significa eso, yo no tenía la más remota idea, pero sabía que una posible amistad estaba ahí, lo supe cuando viendo sus profundos ojos comencé a llorar y sollozando escandalosamente, caí de rodillas, normalmente no lo haces con un desconocido, pero él lo hizo, envolvió sus brazos en mi y susurró palabras de consuelo, no sabía mi problema, pero cada palabra que rozaba en mi oído me hacia sentir paz.

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