CAPITULO 0
Algunas veces crees que eres suficientemente grande, madura o
inteligente, pero al enamorarte… nada de eso importará, dice una famosa
escritora que las mujeres inteligentes se enamoran como idiotas, con
otras palabras pero el mismo fin, nos ciega el “amor”, ni siquiera puede
llamarse amor, porque a pesar de lo que pensemos nunca se es
suficientemente grande, maduro o inteligente para amar correctamente,
celamos, nos volvemos dependientes, incluso dudamos de nosotros mismos,
dicen que un amor debe hacerte desear salir adelante, ser el mejor tú
que puedas entregarle al mundo, pero normalmente no es así a la primera,
no Señor, porque para saber lo que vale tienes que ver cómo nace, el
empeño que tiene que haber para que tal sentimiento fluya, y así es como
comienza mi historia, cuando siendo apenas una adulta que logró dejar
de ser niña, se dispuso a conocer la felicidad al lado del hombre que
creía amar, tal vez sí le amé, tal vez era un amor infantil, el cierre
de mi proceso entre ser una adolescente y convertirme en adulta, no lo
sé, solo que se esto hizo que iniciara unos de mis peores momentos.
Como
toda chica entrando a los 22, con la carrera recién terminada y un
novio un par de años mayor, buscaba desesperadamente independencia, así
que, tras una pelea con mi madre, decidí viajar con mi novio, él es un
“famoso” arquitecto (aunque actualmente ya no estoy tan segura de ello) y
le habían ofrecido un importante trabajo en Corea del Sur, así que una
vez que me pidió matrimonio, nos marchamos a Seúl, la ciudad es más
bella de lo que puedo relatar, tiene una especie de magia que no es
posible plasmar en palabras, pero ahí estábamos, esperando un taxi que
nos llevara a nuestro departamento, yo misma había hecho el deposito,
era uno de los más importantes edificios de la ciudad, sin mencionar la
hermosa vista que tenían cada departamento, mi novio recibió una llamada
y con una mueca de tristeza e inconformismo (ahora realmente estoy
segura que no era cierta, podría ser actor, eso le sale estupendamente
bien) me pidió me adelantara para acomodar mis pertenencias, no sonaba
muy lógico que él, habiendo recibido una llamada de trabajo se llevara
todo a su “oficina”, lo sé, en mi defensa diré que estaba completa y
estúpidamente cegada por ese que se decía amarme mucho; Así que
Ilusamente tome solo la maleta que contenía mi ropa y con el poco dinero
con el que contaba, me fui a el departamento. Cual fue mi sorpresa al
llegar y descubrir que habían retirado el deposito que había hecho, el
departamento estaba ahora arrendado por otras personas, en ese momento
el mundo se me vino encima, contaba solo con 10 dólares, 10 míseros
dólares para sobrevivir en Corea, hablando apenas el idioma, sin
trabajo, con visa de turista, la noche comenzaba a ponerse fresca, no
sabía si buscar algo más abrigador o morir congelada, podía imaginar los
encabezados de los periódicos “Emigrante latina muere de hipotermia”
solo imaginarlo me deprimía más de ser posible.
Mis ojos se fueron
cerrando, y no sé si me dormí, me desmayé o que fue exactamente lo que
sucedió, pero escuchaba una hermosa voz hablando algo en coreano, que
obviamente no podía entender, hablaba muy rápido.
Sentí unos
brazos que me levantaban y la calidez del pecho en el que mi cabeza cayó
recargada, sentía sus latidos presurosos y su aliento intermitente,
después simplemente perdí noción del tiempo y el espacio, todo se volvió
negro pero esa noche, sin embargo, llegaron esas pesadillas que
atormentaban mis sueños, no eran más que las verdades de ese primer día
lluvioso, (aunque realmente era la primera nevada del año según había
escuchado en el vuelo) pero mi corazón lloraba la perdida de la
dignidad, estaba roto y no había forma de que se reparará tan pronto,
esa noche sin ser consiente de ello lloré dormida.
La
mañana siguiente me sentía como atropellada por un auto, los musculos me
dolían, sentía las lágrimas secas en mis ojos, mi cabello estaba
enredado (seguramente me moví como lombriz en sal) y mi pecho dolía, no
de esa forma en la que debes asustarte por que posiblemente te este
dando un infarto al miocardio, sino más como un vacio, como si hubieran
arrancado esa parte vital y ahora viviera como zombie, escuche esa
hermosa voz de anoche y me levanté rápidamente, caminé hacia donde se
escuchaba, por el demás ruido supuse que alguien se duchaba mientras
cantaba, muy bien entonado y con mucho sentimiento si me lo preguntan,
me quede intentando recordar más detalles de anoche y cuando iba a tocar
la puerta un hermoso chico, de cabellos castaños, piel nívea, ojos
negros pero de mirada profunda, como quien se hunde en un mar negro de
oscuridad, pero que te transmite una hermosa calidez, claro que cuando
mis pensamientos recordaron que el chico delante de mi, tenia gotas
resbalando traviesas por sus pectorales, acariciando su marcado abdomen y
perdiéndose en el inicio de la toalla que cubría de su cintura a sus
pantorrillas, me sonrojé como adolescente y me voltee murmurando
disculpas, el se disculpo también y corrió a la habitación de la cual yo
había salido, después regreso por donde mismo con un pantalón jean y
una camiseta blanca, salió unos minutos después y me sonrió de una
manera tan brillante, que literalmente me dejó deslumbrada, parpadeando
como tonta y sonriendo en respuesta, con el sonrojo que sé, tiño de
carmín mis mejillas, lo sé porque la temperatura de mi cara subió.
El
destino tiene sus propias maneras de unir los caminos de las personas,
muchas veces son formas dolorosas que te hacen apreciar más eso que ha
llegado para iluminar tu vida, mi camino se había cruzado con ese
hermoso ser, que agrandaba mi inseguridad y me recordaba mi dolor, pero
aún así me sentía tranquila, como quien encuentra el lugar al que
pertenece pero no sabe que significa eso, yo no tenía la más remota
idea, pero sabía que una posible amistad estaba ahí, lo supe cuando
viendo sus profundos ojos comencé a llorar y sollozando
escandalosamente, caí de rodillas, normalmente no lo haces con un
desconocido, pero él lo hizo, envolvió sus brazos en mi y susurró
palabras de consuelo, no sabía mi problema, pero cada palabra que rozaba
en mi oído me hacia sentir paz.

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